Supongo
que no fuimos más que eso, una forma de parar el tiempo durante unos minutos,
de controlar el descontrol. Una simple ironía que pretendía ser verdad. Y
realidad. Algo que nunca fue, que tan solo pasó en algún lugar del espacio pero
que ahora se ve demasiado lejano. Supongo que es verdad eso de que uno puede
aprender a perder oportunidades y de que a partir de las dos de la mañana no
ocurre nada bueno si está planeado. Que los cafés se enfrían más rápido de lo
normal si te los quedas mirando y que no dejan de arder nunca si tienes prisa.
Que los trenes vienen y van y presencian sin darse cuenta las historias de amor
más bonitas que jamás se hayan escrito; porqué ellos no se dan cuenta, pero si
te subes a uno y te paras a observar la gente.. lo ves, lo ves en sus ojos.
Porqué cuando alguien se enamora se le nota, aunque sea el tío más duro del
mundo. O aunque no quiera mostrar sus sentimientos. Así que sí, supongo que no
fuimos más que eso, una forma de controlar el descontrol por un instante. Y eso
es lo realmente bonito.
miércoles, 9 de julio de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
Nada
Reír, llorar, comer hasta reventar.
Hacer las cosas porqué sí. O porqué no. O sin un porqué, simplemente hacerlas;
que les den a las preguntas, y más si no preguntan por un beso. En tus labios.
O en los de cualquier otro, total. Las sábanas ya no huelen a ti, así que las
voy a romper. Ya no me sirven si no me arropan como tú lo hacías. Si no nos
cubren a los dos. Porqué tres son multitud, dicen, y uno solo para una cama tan
grande es desaprovechar el espacio. Y el tiempo. Parece que se ha parado, que
todo pasa más lentamente des de que no pasa a tu lado. Supongo que los días se hacen
largos porqué todo lo que los hacía cortos ha desaparecido. O quizás
simplemente soy yo, que me he sumido en una oscuridad semitransparente que me
afecta más de lo que debería. ¿Y qué pasa si no sé cómo salir de ella? ¿Qué
pasa si, aunque lo intente, no consigo que todo vuelva a la normalidad? Dolió tanto
que parecía que ni siquiera podía sentir. Que ni siquiera puedo volver a sentir
como lo hice.
He empezado a beber café cada
mañana para despertarme; ahora ya no lo haces tú. Ya no lo hacen mis ganas de
verte. ¿No es muy triste? Alguien que un día pudo ser tu luz, en unas pocas
horas puede llegar a ser tu oscuridad. Y supongo que, de una forma u otra, la
oscuridad siempre vence.
viernes, 2 de mayo de 2014
No.. supongo que no.
Supongamos que te echo de menos...
¿Volverías?
Supongamos que...no hay día en que no
me acuerde de ti, y cada vez que te pienso tenga que distraerme para poder
parar. Supongamos que me atrevo a decirte algo.
¿Reaccionarías?
¿Crees que merece la pena empeñar mi
orgullo? ¿Empeñar la poesía?
Supongamos.. que desaparece aquel mes,
aquel fin de semana. Supongamos que aquello no acabó conmigo. Supongamos que
quiero ir de nuevo a la estación e intentar captar una imagen mientras llega el
tren.. y tú con él.
Y ahora... ahora yo supondré que tú aún
no me has olvidado, que no has borrado ni una sola fotografía mía, ni un solo
mensaje.. ni una sola carta.. que tu intención no era la de alejarme matándome
poco a poco. Que aún queda esperanza, que no la hemos desperdiciado toda..
¿Marcarías mi número?
Son las cuatro de la mañana de
cualquier día de enero y es tu silencio el único que ahora me despierta al caer
la noche. Es tan difícil conciliar el sueño después de habértelo regalado a ti.
A veces pienso en llamarte, o escribirte para que me lo devuelvas. Echo tanto
de menos a la persona que solía ser antes de conocerte, antes de convertirme en
la mitad de todo, de nada.
Sin ti me sobran la mitad de todos mis
cigarrillos, los cinco minutos de más después de apagar el despertador, una
cucharada doble de azúcar en el café, media botella de butano al ducharme. Me
sobra la mitad de la cama, de la almohada, del sofá. Sin ti las películas las
veo enteras y leer antes de cerrar los ojos ha dejado de ser mi estrategia para
que me quitaras el libro, y siguiéramos con la poesía debajo de las sábanas.
Y sin embargo, te fuiste.
Y a mí solo me queda suponer que a ti
también te sobran las mismas mitades, que tú también echas de menos mis manos cuando
tienes frío, y que Madrid es la mitad de bonito sin nuestros besos en mitad de
la Gran Vía.
Sigo parándome delante de cada tienda
de libros viejos, pero ahora sin ti, por si te viera pasar. Sigo notando tu
nombre en mi nuca cada vez que me recojo el pelo y sigo notando tus dientes en
la cicatriz que me dejaste en la clavícula.
Ojalá decir que te grabaste en mi piel
a fuego fuera solo una metáfora más.
Ojalá decir que te llevaste mi
corazón... no fuese tan real.
Lo echo de menos, ¿sabes? echo de menos
oírlo latir al otro lado de mi pecho. Acunarlo por la noche y leerle a Salinas
para que cogiera el sueño.
Mi amor, léele a Salinas,
que solo él sabe describir en verso, lo mucho que a ti..
también
te
echo
de
menos..
también
te
echo
de
menos..
-MÓNICA GAE
miércoles, 23 de abril de 2014
CARTA 2410
Esta
es la carta 2410 que escribo, y seguramente la 2410 que voy a acabar lanzando
al fuego. ¿Sabes? No sé porqué he estado todo este tiempo escribiéndote. No sé
porqué he estado recordando tus ojos, tus labios, tu pelo. No sé siquiera
porqué sigo acordándome de tu nombre, amor; lo que sí sé (aunque temo aceptarlo)
es por qué lo aprendí una vez. Los días se hacían más cortos y brillantes y la
oscuridad de las noches daba menos miedo. La cafeína empezaba a no hacerme
efecto si te tenía en mi cama y te podía abrazar, el invierno parecía menos
invierno y la primavera no nos abandonaba nunca.
Luego
llegó Marzo y todo cambió, tú ya no eras el mismo y no sé bien el porqué, pero
te veía mayor y distinto, más lejano, menos como siempre. Recuerdo tu cara
impasible, como si tus palabras no significaran para ti lo más mínimo. Susurraste
que te ibas, que necesitabas escapar de todo, alejarte si mirar atrás; y esto
me implicaba también a mí, yo no formaba parte de este plan de fuga repentino.
Aún así supe que yo te seguiría hasta el fin del mundo, aunque fuera solamente
en la distancia. Supe que no olvidaría las tardes en la playa ni las pecas de
tu cuerpo, supe que seguiría tomando café y corriendo bajo la lluvia, que no
dejaría de leer cada tarde y de soñarte cada noche.
Aún
así pasaron los días, y las noches; volvió otra vez Marzo y los días seguían
tan largos como siempre, era como si cada día que pasabas lejos añadiera
segundos al reloj. Te esperé en la estación dónde te vi marchar la última vez;
lloré, chillé tu nombre, lo escribí en cada banco que había sido testigo de
alguno de nuestros besos. Pero tú jamás apareciste. El cristal parecía menos
transparente, el mar se veía menos seguro. Entonces fue cuando empecé a
escribir, a redactar largas cartas que luego lanzaba al fuego y observaba
consumirse. Igual así me dolía menos, igual así me dolía más. Pero ahora ya,
¿qué más da?
sábado, 19 de abril de 2014
Ah, l'amor.
Segurament no eren l'un per a l'altre; és clar que no,
pot ser que ni tan sols hi hagi algú per a cada persona, pot ser que ni tan
sols hi hagi algú per a ningú. L'única cosa que sé del cert de la seva
història, és que s'estimaven. S'estimaven a la seva manera, cadascú com sabia,
improvisant dia a dia; hi havia dies en que no sabien com seguir, llavors eren
dies tristos per a ells, no podien deixar de preguntar-se el perquè a ells i
els seus ulls es tornaven grisos i perdien tota la seva llum. Altres dies no es
trobaven a faltar i ni tan sols sabien el perquè.. ho intentaven i ho
intentaven, però res feia efecte; el que encara no havien descobert era que,
volent-ho, la il·lusió i la bogeria inicials tornarien. Però després venien
finalment els dies en què es veien cara a cara, en què es besaven,
s'acariciaven, es feien l'amor.. En aquests dies els "t'estimo"
sortien sols, no havien de buscar-los ni perseguir-los, no havien de crear-los.
La veritat és que no sé què se n'haurà fet d'ells
després de tants anys, però saps? L'última vegada que la vaig veure, li vaig
preguntar com podien seguir junts sabent que no era per sempre, sabent que
tenien una data límit en la qual haurien d'escollir entre dos camins i cap dels
dos els portava a l'eternitat. Saps què em va respondre? Que s'havia enamorat,
perduda i idiotament. Que cada vegada que li feia un petó tenia la certesa que
en aquell moment era tot el que necessitava, que tenia davant tot el que volia.
I que encara que sabia que li quedaven uns pocs mesos, l'amor seguia guanyant
al dolor.
miércoles, 16 de abril de 2014
El pou darrere la porta
"-En poques paraules -va afegir la dona-: vivíem
al trentè pis. Estava espatllat. L’ascensor, vull dir, no pas el meu marit. La
nostra relació sí que ho estava. Ningú no es veu amb cor de baixar a peu trenta
pisos i tornar-los a pujar amb l'únic propòsit d'anar a comprar tabac. Sobretot
si tens els bronquis enquitranats com una carretera comarcal. Com estava dient,
el meu home s'havia quedat sense tabac, però l'ascensor no anava bé. Havíem
avisat el tècnic dos dies abans, però no hi havia forma humana que es presentés.
Aleshores, de cop i volta, va arreglar-se tot sol, l'ascensor. Al pitjor
moment, diria jo. Al moment més perillós. El meu home va poder agafar-lo per
anar a comprar cigarrets, però un cop a baix, quan ja era al carrer, va
tornar-se a espatllar. Com si s'hagués arreglat expressament per deixar-lo
fugir de casa. De vegades penso que hauria tornat, però quan va veure que havia
de pujar trenta pisos a peu, va decidir que l'esforç no pagava la pena, i per
això va tocar el dos, Com si ja hagués fet prou esforços a la vida. Sí, de
vegades penso que tornarà tard o d'hora. -Va mirar-se el rellotge per enèsima
vegada.- Més tard que d'hora, segurament..."
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